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William Binney: el precursor de Snowden confía en Trump

“No es un suicidio si aparezco muerto”. Esto le decía el estadounidense William Binney (Dubois, 1943) a sus allegados en los primeros días de su pulso con la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) y el Gobierno de su país. Binney hizo carrera en la NSA, donde llegó a ser director técnico geopolítico. En 2001, sin embargo, decidió abandonar la agencia.

Se retiró decepcionado porque la NSA, bajo la dirección del General Michael Hayden – en ese cargo entre 1999 y 2005 –, había comenzado unas operaciones de espionaje masivo que Binney considera inaceptables. “Son como la KGB o la Stasi bajo los efectos de súperesteroides”, asegura este veterano analista sobre la agencia en la que trabajó tres décadas.

De ese espionaje masivo se supo en buena medida gracias al exanalista Edward Snowden, que hace tres años hizo pública información comprometedora sobre los programas de la NSA para espiar a los ciudadanos de su país y del resto del mundo. Mucho antes de que Snowden se convirtiera en el enemigo número uno de esa agencia, Binney trató de alertar a las altas instancias políticas estadounidenses de la peligrosa deriva de la agencia.

En la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Binney ve una oportunidad para el cambio. “Yo veo la victoria de Trump como una oportunidad para cambiar las cosas en una organización corrupta que es el Gobierno de Estados Unidos, porque Trump dijo que actuaría siguiendo la Constitución, y si lo hace resolverá muchos problemas en Washington D.C.”, opina en esta entrevista con EL ESPAÑOL.

El espionaje masivo es uno de esos problemas. “La Constitución es muy clara en este tema, es inconstitucional y no tendría que estar ocurriendo”, añade este votante confeso del flamante presidente electo de Estados Unidos.

Antes de confiar en Trump, Binney creía que a través de los canales normales del sistema estadounidense podría frenar el espionaje masivo. Asegura que durante ocho años se esforzó en diferentes reuniones y citas con representantes del Ejecutivo y sus agencias. “Desde 2001 hasta 2009, estuvimos moviéndonos sólo internamente, en el Gobierno, a través de la Comisión de Inteligencia, viendo a inspectores generales y otras estructuras del Ejecutivo de Estados Unidos”, cuenta este matemático, físico y encriptólogo. Habla en plural porque ha mantenido contacto y activismo con el grupo de expertos que le ayudaron a concebir ‘ThinThread’.

Con ese nombre bautizaron el programa informático que posteriormente la NSA utilizaría para espiar a escala planetaria. “Ese software es capaz de ver las relaciones de comunicación que mantiene todo el mundo, capaz de saber con quién te comunicas por teléfono e internet, por ejemplo”, explica su creador. En realidad, “’ThinThread’ no está implementado”, porque “la NSA lo pervirtió”, retirando los sistemas de “filtrado, cifrado y auditoría” que incluía el software original, según Binney. Su ‘ThinThread’, según lo describe, garantizaba privacidad y prevenía de usos perversos.

Como resultado, ahora vivimos en un mundo donde la vigilancia “supera la del Gran Hermano de George Orwell”, asegura Binney. Él se dedica ahora a dar charlas alertando de los peligros de las prácticas de la NSA. Esta semana pasó por Berlín para dar una conferencia sobre los aspectos más oscuros del “liderazgo en la era digital” en los encuentros TED.

VIOLACIONES DE LA CONSTITUCIÓN
A sus 73 años, Binney evalúa la gravedad de las prácticas de la NSA tomando como referente la Constitución de Estados Unidos. “Estamos hablando de violaciones de la Constitución, de la primera, cuarta, quinta y sexta enmienda, pero también de las leyes que garantizan la privacidad, la seguridad electrónica y todas las leyes vinculadas a la regulación de internet”, explica. Alude así a la parte de la carta magna estadounidense que cubre la protección de las libertades esenciales (expresión, reunión, prensa, entre otras) y de las bases de la justicia. “Lo que hace la NSA es un error, además de inmoral”, afirma Binney.

Este fue el mensaje que él y sus compañeros de militancia, de dentro y fuera de la NSA, trataron de hacer llegar a las altas instancias de la agencia y del Gobierno entre 2001 y 2009. Pero no recibieron respuesta. “Nos respondían con un silencio total o con expresiones burocráticas vacías, cosas como ‘muchas gracias, tomaremos esto en consideración’”, recuerda.

ENFRENTADO A LA NSA
Binney vive enfrentado a los líderes de su país. De ahí que haya acabado apoyando hasta cuatro procesos judiciales contra el Ejecutivo por violación de la Constitución estadounidense. “La NSA lo está pasando mal conmigo porque yo estoy siguiendo las reglas, me refiero a la Constitución”, defiende.

Esa tal vez sea es la gran diferencia entre él y Snowden. “Yo no me llevé material de la NSA, no pensé que tuviera que hacerlo porque todo el mundo sabe que yo soy el tipo que inventó el programa informático, yo soy la prueba”, asevera, no sin antes mostrar empatía con el exanalista autoexiliado actualmente en Rusia para evitar a la Justicia estadounidense.

“Es algo deseado por el Gobierno de Estados Unidos que Snowden esté en Rusia, por eso se canceló su pasaporte”, asevera. “Snowden está atrapado en Rusia, él quería estar en Sudamérica, pero ahora se le puede reprochar que trabaja para Putin y aplicarle la ley de anti-espionaje de 1917, una ley que contempla la pena de muerte”, añade Binney.

Él y sus excolegas de la NSA con los que elaboró ‘ThinThread’ también se han visto expuestos a las represalias gubernamentales. Así, Binney explica que hace nueve años entraran armados en su domicilio agentes del FBI para hacer un registro justo después de haberse hecho público en informaciones del New York Times que la NSA había estado espiando llamadas de usuarios de teléfono en Estados Unidos. Después de aquello, Binney tuvo que cerrar la empresa que había fundado con sus otrora compañeros en la agencia.

El golpe fue duro. Pero Binney ahora dice tener “esperanza” en que, en materia de vigilancia, el “nuevo presidente de Estados Unidos escuche a gente diferente a la que escucharon sus predecesores”. “Trump llega al poder desconfiando del establishment y ese es el mejor modo de enfrentarse a él”, plantea.

“Con Trump tenemos una oportunidad”, abunda, antes de hacer una referencia a Bernie Sanders, rival socialista derrotado por Hillary Clinton en las elecciones primarias del Partido Demócrata. “Sanders también estaba a favor de acabar con la vigilancia masiva, por eso pensaba que era mejor que los demócratas lo tuvieran a él como candidato”, sostiene.

EL 11-S PUDO EVITARSE
Binney entró en su día en la NSA con la idea de prevenir ataques para proteger así a la población de su país y la del “mundo libre”, una expresión típica de la Guerra Fría que este antiguo experto en la Unión Soviética continúa empleando. Sin embargo, el giro que tomó la agencia tras la llegada del general Hayden resultó, a su entender, catastrófico.

Fue con Hayden cuando la NSA apostó por un sistema de vigilancia basado en el espionaje masivo, en lugar de centrarse en las comunicaciones que se mantienen en zonas sospechosas, asegura. En la lógica original de ThinThread se vigila, por ejemplo, a quien acude a páginas web de contenido yihadista o criminal para obtener información relevante. Sin embargo, la NSA “ahora se está quedando con todo sobre todos, es demasiada información, los analistas no la pueden procesar, por eso están fracasando”, advierte Binney.

Todos esos atentados, París, Niza, Londres, Madrid y el 11-S fueron cometidos por gente que ya conocían en la NSA

Para él, atentados como los de hace un año en París, el de Niza de este verano o los ocurridos a principios de siglo en Londres, el 11-M en Madrid, e incluso el 11-S, podrían haberse evitado. “Todos esos atentados fueron cometidos por gente que ya conocían en la NSA”, asegura. El problema es que el acopio masivo de información impide, según él, distinguir a tiempo qué tipo de información es importante y cuál no. “¿Por qué no centrarnos en la gente que puede ser sospechosa?”, se pregunta.

Su interrogante no espera respuesta. Este hombre tiene graves sospechas sobre su Gobierno. Difícilmente se puede tener una peor idea de los responsables de la NSA y del Ejecutivo de su país. “Yo les acuso de utilizar la seguridad de la población de Estados Unidos y del mundo libre, por dinero”, dice.

VIGILANCIA GLOBAL, UN NEGOCIO MILLONARIO
“Hay en juego mucho dinero”, subraya Binney. Desde el 11-S, según sus cuentas, Estados Unidos “ha gastado un billón de dólares en seguridad”. Sólo la NSA emplea entre 30.000 y 40.000 personas. La Agencia Central de Inteligencia (CIA) cuenta con otras 25.000. A estos organismos hay asociadas empresas que se ocupan de determinadas tareas de vigilancia. Esta simbiosis la critica Binney. “Aquí se puede hablar de la relación incestuosa entre compañías y el Gobierno”, sostiene.

“El terrorismo es una excusa para hacer este sistema de vigilancia masivo, a partir del momento en que de este área de la seguridad es responsable un grupo de empresas. Como el objetivo de las empresas es hacer dinero, resolver el problema significa que el problema deja de existir y se acabó el dinero”, mantiene. “No tienen interés en resolver el problema”, añade.

Para él, la consecuencia de esta situación que la población siga expuesta a ataques terroristas. “Para mantener esa empresa de vigilancia imperial, hay gente que tiene que morir”, sostiene. “La recogida de información masiva mata gente, es así, éste es el problema fundamental que no se quiere resolver”, aduce. No obstante, según Binney, las consecuencias del espionaje masivo van más allá.

“Si uno mira las experiencias de la República Democrática de Alemania (RDA) o de la Unión Soviética, allí la gente vivía deprimida, porque son civilizaciones que se quedaron atascadas, perecieron faltas de creatividad e innovación, sus gentes tenían miedo de ser creativos e innovadores”, asegura el veterano analista. “Esto es lo que la vigilancia, a largo plazo, acaba haciendo”, agrega.

LA DERROTA DE HILLARY CLINTON, UN ALIVIO
A su entender, que Hillary Clinton perdiera ante Trump en las elecciones presidenciales es un alivio. “Clinton habría seguido con este sistema de vigilancia, incluso trataría de reforzarlo”, previene este votante confeso de Donald Trump. A su entender, Barack Obama “no hizo nada” para acabar con el espionaje masivo.

Hillary, además, ha estado a favor del cambio de regímenes en Libia, Irak, de aventurarse en misiones militares en el extranjero, porque es un halcón”, opina. Éste es el tipo de políticos que Binney no tiene en gran estima. El General Hayden entró en la dirección de la NSA de la mano del no menos belicista Dick Cheney, cuando éste último era secretario de Defensa de la Administración de George W. Bush. “Pienso que es mejor dejar a un lado a los halcones”, concluye Binney.

Fuente El Español

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